Ocurre un problema y es que nadie más puede saber lo que esconden tus gestos, el brillo de tu mirada, la oscuridad que te persigue algunas noches. Y no es que yo sepa verlo, que va, simplemente me conformo con contemplarte, con saber que hay algo más detrás de esa tapadera tan bonita y lograda que tantos años te costó conseguir. Y por supuesto que no seré yo quien la tire por la borda.
Me servirá con mirarte caminar y sonreír como si nada hubiera pasado, como si no supiera nada de ti, un mero espectador que observa entre bambalinas que la actuación está a punto de comenzar o, mejor dicho, tu actuación.
Sin embargo, igual te cansas de actuar de una vez, decides sacar a volar tus pájaros, riegas las flores de tu interior y dejas que se te iluminen las mejillas. Y qué sé yo, yo solo estaré ahí para aplaudir y colgar el cartel de “Se cancela la sesión’’.
Informa: Silvia Hernández
