Quizá pueda usted comprender
la inutilidad de que un corazón palpite
cuando ya se han calcinado todas las esperanzas.
Quizá pueda usted comprender
la inercia de continuar en un aquí moribundo
cuando sus entrañas se han oxidado,
y sus ojos se acomodan a la calidez del negro.
Quizá pueda usted comprender
la asfixiante simpleza de proseguir
acurrucado bajo el cielo, sin que nada,
gangrenosamente nada,
posea una pestaña de luz.
Informa: Laura Fernández Valdés
