Inesperada

Desde el primer día tuve ganas de entregarme a tu acento en mi oído, haciendo cosquillas a los principios que me querían volver la cara hacia el otro lado. Se me metió dentro tu risa, erigiéndose en altar donde ofrecer en sacrificio cuanto honraba hasta entonces, vestida sólo con la mantilla de la apariencia.

 

Espío tu dicha de reojo, y hago una muesca cada vez que no la miras más de un segundo. Me imagino tus caricias bajo el frío polar de otras manos, bajo una  hoguera que prende, pero sin fuego, no más que humo. Ya se coló tu rostro en mis huesos

 

y he vuelto a mirarme al espejo de mar, porque soñarlo junto al mío lo inunda de luz, y ya no temo ver el fondo, poblado de tantos sueños que arrojé dándolos por imposibles. Ya no sé dónde buscar mi antigua vida, ahora que llenas de   escalofríos la que me queda. Pero sé que eres de ellas: de las de irme con lo puesto, sin cerrar la puerta.

Informa: Silvia Veintiuno

Fotografía: Nelson Gómez

 

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