El Ocupa del Latido 

No entraste, Raúl.
Irrumpiste con la violencia de un rayo
y te quedaste quieto,
centrado en el epicentro mismo de mi pecho.

El mundo nos dio un guion de grises,
de diagnósticos fríos y puertas cerradas.
Pero tú… tú prendiste fuego al papel.
Cada paso que el miedo quiso retener,
fue un kilómetro de pura dinamita.
Recuerdo el sonido roto de esa sílaba:
Pilota.
Un código secreto
que solo tú y yo entendimos:
la primera bandera izada.
El primer ‘sí’ rotundo
a la vida que te habían escrito en ‘quizás’.
Fuimos el eco mudo
de cuántas noches pensamos:
Hoy no podemos.
Y al amanecer,
siempre,
siempre fuiste tú quien sostenía el cielo,
tú quien tejía el mapa de regreso.
Tu mente no es un laberinto;
es un cosmos sin gravedad.
Allí, la lógica se rinde a la belleza.
Allí, las naves son de cera derretida
y los planetas huelen a canela y obstinación.
Y yo, solo soy un polizón
en tu galaxia inmensa, aprendiendo a respirar
el oxígeno que tú inventaste.
Verte volar
es una verdad que me desgarra el orgullo.
No es por lo que conseguiste,
sino por la sonrisa limpia
con la que recoges los pedazos
para volver a empezar.
Milagro. Diario. Brutal.
Eres el amor que no entiende de fórmulas.
Mi Raúl.
La verdad sin armadura.
El único idioma en el que quiero gritar.

Informa: Alfons Sánchez
España

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