45 años caminando juntos

Hace cuarenta y cinco años llegaste, Raúl,
cuando el mundo era distinto,
cuando casi nadie sabía mirar más allá de un diagnóstico.
Faltaban manos, palabras, comprensión…
pero me sobró amor para aprender contigo.
No fue fácil, hijo mío.

No había caminos trazados,
ni servicios, ni apoyos,
solo la intuición, la fe y la fuerza de un padre
que decidió no rendirse.
Picamos mucha piedra, Raúl,
día tras día, año tras año.

Con cansancio, sí,
pero también con esa alegría tuya
que desarma cualquier sombra.
He visto cómo crecías,
cómo rompías moldes,
cómo transformabas miradas y corazones.

Tú me enseñaste que la normalidad no existe,
que lo normal es el derecho
de ser único e irrepetible
dentro de este universo diverso.

Hoy miro atrás y veo el camino recorrido:
las luchas, los logros, las lágrimas y las risas.
Y aunque aún queda mucho por hacer,
sé que valió la pena cada paso.

Porque tú, Raúl,
eres mi orgullo,
mi maestro silencioso,
mi mayor lección de vida.

Has cambiado el mundo, hijo mío,
sin proponértelo.
Y yo, tu padre,
seguiré a tu lado,
celebrando cada día
el milagro de ser tú.

Informa: Alfons Sánchez
España

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *