A través de franquicias y móviles
me desplazo.
Mis huellas se dibujan
en el asfalto digital,
mientras sonrisas virtuales fluyen
entre pasos tejidos en redes,
amnesia de espíritus,
telarañas de cristal.
Miradas sin destino navegan en aires de ondas,
al unísono,
células danzan
con partículas de calor
sinfonías lúgubres.
Cuerpos se arrastran,
buscan su elixir,
los ríos eléctricos dadores de vida
a las pupilas del mundo.
Me sumerjo en el cosmos onírico,
la luz de la luna se extingue con lentitud,
mis manos vacías,
los hilos de cobre flotan en nubes de sueño.
El ritmo de mi latir se apresura,
mi corazón se nubla…
la luna se ha apagado.
Informa: Zulema Bustamante Castro
Foto: Bernat Espigulé
