Disección

Por fin saliste de bajo las faldas de mi obstinado amor platónico.

Y te vi por primera vez desnuda de veras, sin maravilla prestada que te vistiera,
desconcertada ante el huracán de humanidad que no llegó a rozarte nunca,                                  refugiada a tu pesar entre mis sueños.

Te vi y mascabas las palabras como si no fueras capaz de digerirlas,                                                            si no eran suspiros y poéticas radiografías de tus interminables ojos,                                                          que decías te oprimían sin querer; aunque seguro volverías a
apagarlas con el gesto de siempre si se atreviesen a aparecer.

El polvo triste y cotidiano se adhería a tus zapatos
por aquel camino nuevo de no miradas, y quizá no te
dieras cuenta, pero tus rasgos mudaban, oprimidos
por la alienante gravedad del planeta destierro de no ser amada.

No sé cómo descrearte, ahora que me pareces tan
indefensa como recién nacida a este mundo de mortales.

Aunque mirase hacia atrás ya no podría rescatarte,                                                                            cavaste tu ausencia tan hondo que me resultas inalcanzable.

Aprieto entre los dientes las ganas de haberte dicho no más, pero sí antes.

Informa: Silvia Veintiuno

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