La Nueva Ars

Mal parados, mal nacidos, los poetas, que se creen que el mundo está en sus manos.
Que alardean de posturas de conforme con vocabulario exquisito de mesa de mercado,
donde se cosecha la carne más fabulosa del poblado, donde las ovejas son el texto
y los lobos son los más callados.

Mal entendidos, mal presuntuosos, los hijuemadres señores artistosos que se creen fundadores de la nueva ars, bajo la histórica bandera de la nueva escuela, bajo las carpas del espectáculo cirquero
que se montan.

Mal presumen, mal administran, su supuesta empresa, de revistas y consignas, como medallas de
guerra, como si por un texto que nadie entiende, ni su santa madre, ni su mal cerebro amueblado,
dotado de un par de autores que se dan de alaridos logra a descifrar la incertidumbre de saber que no
sabe lo que se ha creado.

Mal hablados, mal bebidos, están, los preciados poetas de la nueva historia, los que levantarán
el pasado de las generaciones antiguas, esas que tanto aclaman de ser tan bohemistas, donde sólo hay orgía y drogas para pasar el rato.

Mal perdidos, mal paridos, están colgando del péndulo de su incredulidad, donde el ego que se les sube, se les balancea, como las palabras que intentan salir de sus fauces cuando van borrachos.
Tanto arte por el arte que de algo tienen que cobrar, y me cobran a mí la paciencia, que bastante ya he aguantado, las traiciones de los mal ejemplistas del teatro, los titiriteros del concierto de poesía, donde no recitan sino que regurgitan las ganas que tenían de ser observados.

Mal deseados, mal acabados, son, los dichosos poetas, que a veces dicen no serlo, por guardar la modestia a no sé quién o no sé a qué, pero que están tan seguros de su arte, que a los eventos sólo
acuden los amiguistas, los de guitarra en mano y porro en la otra, donde la moda es lo que agrupa el colectivo, donde se respira más hipocresía que hermandad, qué bonito es el arte en esta ciudad,
tanto León tanto León y tanto viento, que ojalá venga un vendaval y se los lleve a todos y sus melenas y si no que paguen exilio y se marchen a otra piel, como ya parece que han hecho unos, y si no es suficiente, para estos aludidos mal dichos poetas, hasta yo me ofrezco, para apuñalarlos con el mismo lápiz con el que escribí esto.

Porque dirán que qué me está pasando por la pensamienta, pero es que se me revuelve el cerebro de ver tanta falsedad en tantas fresas del pesebre. Por mí, yo dejo de ser real desde este momento, por mí, todos están ya muertos.

Opina: Bayron San

Imagen: Natalia Pumarega

 

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