Los adultos regresan a aquellos
tiempos donde todo era libertad,
los niños descubren un paraíso
de individualidad y aire fresco.
Sobre ruedas somos demasiado veloces
para que nos alcancen los problemas, las
dudas; nuestras manos están demasiado
ocupadas como para atender a llamadas.
Elevamos los pies por encima de la
tierra, por arriba del humo y de los
cables, fijando nuestra atención en una
sola dirección.
Volvamos a montar hacia las mañanas
eternas y madrugadas imposibles de prever.
Informa: María Zabay Martínez
