Subí al cielo el día que morí para mi cuerpo
¡y vaya decepción que me he llevado!
que todo esto no es como yo pensaba.
Sigo sola. Más sola que la luna.
No ha salido a recibirme ningún muerto,
ni siquiera han tenido ese detalle.
Si me miro en un espejo no me veo
pero sí escucho las guerras allá abajo
y siento las metrallas en mis ojos.
Son como estrellas de acero malparidas,
que no aprenden los vivos a ser buenos.
Me da rabia no usar ya mis zapatos,
alpargatas en tiempos de mi hambre,
aunque cuentan las crónicas celestes
que por la tierra las gentes van descalzas
y reman con barcazas en los brazos o
recorren los pueblos adornados con redes
de alambre disuasivo…
¡Las formas no las pierden los traidores!
Mi nombre es Gloria, la que nació en
Madrid de un largo parto
y le salía muy caro ser poeta.
Informa: Concha Morales
Ilustración: Paula Cabildo
