No le digas a mi padre
que por las noches
sigo teniendo miedo al timbre de la puerta.
No le digas a mi padre
que desde hace tres meses y veinte días
no sonrío.
No le digas a mi padre
que la oscuridad se ha hecho mañana
y el día hostilidad.
No le digas a mi padre
que en el amanecer de los domingos
soy incapaz de escuchar a los Beatles
No le digas a mi padre
que lloro
cuando oigo el sonido de sus gestos.
No le digas a mi padre
que está siendo complicado acostumbrarme
a vivir en su madrugada.
No le digas a mi padre
que el mundo anda repleto de miedo
y que yo
muero de él.
No le digas a mi padre
que los que quedaban
se fueron lentamente.
No le digas a mi padre
que no me acostumbro a pasear
por las calles en las que aprendí a vivir
de su mano.
No le digas a mi padre
que no me atrevo a observar las imágenes de
la infancia
en las que nuestros rostros desprendían
la esperanza del mundo.
No le digas a mi padre
que vivo refugiada
en la biografía del silencio.
Informa: Montse Ordóñez
Foto: Gloria Gómez
